El artista visual Lucas Grasso está a cargo de la utilería mayor y menor de 90 cosechas de una misma cepa. En esta entrevista, explica cómo los objetos se integran al relato escénico, el trabajo colectivo detrás de cada diseño y el valor simbólico que adquieren en el Teatro Griego.

—¿Cuál es tu rol dentro de la Vendimia 2026?
—Soy artista visual y responsable de la utilería mayor y menor de 90 cosechas de una misma cepa. Mi trabajo consiste, en primer lugar, en traducir en objetos el relato que se construye de manera colectiva, buscando que esos elementos armonicen con la fiesta y sean funcionales a los cuadros y a la historia que se quiere contar.

—¿Cómo es el proceso de diseño de la utilería?
—Partimos de un guion que funciona como idea madre de todo el espectáculo y, a partir de ahí, se piensa la utilería cuadro por cuadro. Siempre intento trabajar con mucha prudencia, evitando colocar objetos solo por una cuestión estética. La utilería debe acompañar una historia: hay elementos que en algunos momentos adquieren un primer plano y una gran relevancia, y en otros simplemente acompañan el relato. El desafío está en encontrar ese equilibrio.

—¿Qué diferencia hay entre la utilería mayor y la menor?
—La utilería mayor está compuesta por objetos de gran tamaño, generalmente de tres metros o más, que suelen tener ruedas y requieren ser manipulados por varias personas. La utilería menor, en cambio, son elementos de mano que utilizan actores y bailarines. En ambos casos, el trabajo es esencialmente de diseño.

—¿Cómo se articula el trabajo con otros artistas y talleres?
—Una vez diseñados, los objetos salen a licitación pública o a contrataciones directas. Esto hace que el proceso sea muy rico, porque de la Vendimia participan numerosos artistas y talleres locales. Cada elemento que diseño es construido por un artista o taller en particular, lo que enriquece enormemente el resultado final y fortalece el trabajo colectivo.

—¿Qué aprendizaje te dejó tu primera Vendimia?
—Esta es mi segunda Vendimia. Ingresé en 2024 junto a Pablo y fue mi primera experiencia en la fiesta. En aquella oportunidad trabajé con mucha cautela, tratando de no dejar cabos sueltos y de prever cada detalle. Hoy, con la experiencia adquirida, los imprevistos que suelen surgir en el proceso ya están más asimilados, lo que permite anticiparse y resolverlos con mayor seguridad.

—¿Qué aspectos técnicos contempla el diseño de la utilería?
—El diseño incluye también la sugerencia de materiales. En los pliegos que luego se publican se detallan las características de cada objeto: materiales, medidas, pesos estimados y especificaciones técnicas. A partir de allí se genera un ida y vuelta con los artistas que toman las licitaciones o contrataciones, quienes muchas veces proponen alternativas que no alteran la estética ni la idea central del diseño. Ese intercambio también enriquece el proceso.

—¿Qué rol cumple la utilería una vez en escena?
—En escena, la utilería cumple un rol fundamental. Hay momentos en los que un objeto aparece y genera una reacción inmediata del público, ese asombro que se escucha y se percibe. La búsqueda es justamente esa: que el objeto, además de estar sostenido por una historia, pueda hablar por sí mismo. El trabajo se construye siempre en equipo, articulando lo funcional y lo estético para definir movimientos, desplazamientos y presencia escénica.

—¿Hay elementos a los que el público deba prestar especial atención?
—En esta Vendimia hay varios elementos de utilería a los que vale la pena prestar atención. Uno de ellos es central y está directamente vinculado al nombre de la fiesta: la cepa, que atraviesa toda la obra. También hay otros objetos que dialogan con lo teatral y la danza, cargados de detalles que buscan sorprender e innovar. Al igual que en la música y en otros lenguajes, la utilería contiene pequeñas citas y referencias que remiten al recorrido histórico de estos 90 años.

—¿Qué significa para vos asumir esta responsabilidad?
—Asumir esta responsabilidad genera una mezcla de compromiso y felicidad. Es un privilegio ocupar este lugar y tengo plena conciencia de que no todos pueden hacerlo. No lo llamaría suerte: es el resultado de mucho trabajo. Por eso intento asumirlo con la responsabilidad y la atención que merece, pero también disfrutarlo.

—¿Qué es lo que más valorás del proceso vendimial?
—Con el tiempo aprendí a valorar el proceso: cómo una idea pequeña, compartida con un equipo, va creciendo hasta transformarse en algo enorme cuando finalmente se llega al Teatro Griego. Ver ese crecimiento y esa transformación es, sin dudas, una de las experiencias más hermosas que ofrece la Vendimia.

De esta manera, la utilería de 90 cosechas de una misma cepa se consolida como un lenguaje escénico que dialoga con la historia, la música, la danza y la actuación. A través de objetos que acompañan, potencian y emocionan, la Vendimia 2026 vuelve a demostrar que cada detalle, por pequeño o monumental que sea, forma parte de una construcción colectiva que cobra sentido pleno en el encuentro con el público en el Teatro Griego Frank Romero Day.