Con más de tres décadas de experiencia en la fiesta, Ávila recorre su trayectoria, explica la dinámica del trabajo fuera de escena y reflexiona sobre el valor del equipo que sostiene cada función.

La Fiesta Nacional de la Vendimia 2026 no sólo se construye sobre el escenario. Detrás de cada cuadro, cada entrada y cada salida, hay un trabajo minucioso de coordinación que garantiza que todo ocurra en el momento exacto. Sergio Ávila, jefe de traspunte, explica en esta entrevista cómo funciona ese engranaje invisible que sostiene el espectáculo.

— ¿Cuál es la función del jefe de traspunte en la Fiesta Nacional de la Vendimia?
— El jefe de traspunte debe conocer la fiesta de principio a fin. Es quien organiza todo el detrás de escena para que cada bailarín salga al escenario en el momento que corresponde, con su vestuario y su utilería adecuados en cada cuadro. Es un trabajo de precisión y de coordinación permanente.

— ¿Cuántas personas integran el equipo de traspunte?
— El equipo está conformado por alrededor de treinta personas. Hay diez jefes de boca, que son mi mano derecha y a quienes elijo personalmente. Cada uno de ellos trabaja con dos o tres traspuntes que colaboran en la organización del detrás de escena.

— ¿Cómo fue su recorrido hasta llegar a este rol?
— Comencé como traspunte alrededor de 1994 o 1995. La vocación nació de ver la Vendimia desde afuera y sentir el deseo de estar adentro, de formar parte. Empecé a investigar qué tareas existían y qué se necesitaba para realizarlas. Como ya trabajaba en eventos y en organización detrás de escenario, entendí que ese era mi lugar. Trabajando con Sara Verón, ella me impulsó a presentarme y me orientó en el proceso. En la Vendimia 2024 tuve mi primera experiencia como jefe de traspunte, convocado por Pablo Pierre.

— El traspunte es un rol poco visible para el público. ¿Cómo describiría esa tarea?
— Es un trabajo anónimo, pero fundamental. El traspunte es quien está detrás, asegurándose de que todo funcione: que el bailarín salga impecable, con el vestuario correcto y la utilería correspondiente. Lo que el público ve en escena es el resultado de ese trabajo invisible, y de eso nos sentimos profundamente orgullosos.

— ¿Qué le dejó la experiencia de haber sido jefe de traspunte por primera vez en la Vendimia anterior?
— Fue una mezcla de sensaciones muy intensas: orgullo, emoción y la certeza de estar en el lugar correcto. Ese recorrido me llevó a asumir esta responsabilidad. Pablo me dio la posibilidad y la libertad de trabajar dentro del guion y el libreto, de armar mi equipo y elegir a mi gente. Más allá de los currículums, tengo la tranquilidad de contar con un equipo sólido y comprometido.

— Durante las noches de la fiesta, ¿desde dónde coordina su trabajo?
— Estoy ubicado en el mangrullo, a la izquierda del director. A su derecha se encuentra el asistente de dirección y, junto a ellos, trabajo yo. Es una coordinación permanente entre dirección y traspunte para que todo lo que sale a escena lo haga con exactitud.

— ¿Qué significa para usted ser parte de “90 cosechas de una misma cepa”?
— Es una acumulación de sensaciones muy profundas. Es mirar hacia atrás, recorrer todo el camino y decir: acá llegué. Ser parte de los 90 años de la Vendimia como jefe de traspunte, con un equipo maravilloso y junto a producción, dirección, guion, vestuario y todas las áreas, es un orgullo enorme. Ver cómo todo se arma y cobra forma es algo difícil de poner en palabras, pero verdaderamente maravilloso.

Con más de tres décadas de experiencia y una profunda vocación por el trabajo detrás de escena, Sergio Ávila encabeza el equipo de traspunte de la Vendimia 2026, una tarea silenciosa pero esencial que permite que “90 cosechas de una misma cepa” brille en cada función con precisión, compromiso y pasión colectiva.