En los 90 años de la Fiesta Nacional de la Vendimia, Julio Edgardo “Paito” Figueroa, como director musical de la edición 2026, propone un recorrido por la historia y los formatos que marcaron la música vendimial desde 1936 hasta hoy.

Paito Figueroa es el director musical de la Fiesta Nacional de la Vendimia 2026, que celebra los 90 años de la celebración mayor de los mendocinos bajo el título 90 cosechas de una misma cepa. En esta entrevista exclusiva, con una mirada sensible y profundamente histórica, propone un recorrido musical que dialoga con la memoria colectiva, los distintos lenguajes artísticos y la emoción que caracteriza a la Vendimia.

— ¿Qué vamos a escuchar en “90 cosechas de una misma cepa”?

— En esta próxima Vendimia, lo principal que el público va a poder escuchar es una rememoración, un recorrido por los distintos géneros y formatos que tuvo la música vendimial desde 1936 hasta la actualidad. Fue un desafío intentar condensar, dentro de una hora, lo más relevante de estos 90 años de historia musical. Partimos de aquella primera canción que ganó el concurso original de la Fiesta Nacional de la Vendimia en 1936, titulada “Baco, el dios del vino”, que estará presente dentro de esta obra. A partir de allí, buscamos contar y contener el guión general de la fiesta —la danza, el teatro y el relato escénico— desde distintos paisajes musicales por los que fue transitando la Vendimia a lo largo del tiempo.

— ¿Cómo es el proceso creativo desde su rol como director musical?

— El proceso creativo tiene que ver fundamentalmente con la contención del guión. Para mí, la música en una Vendimia cumple esa función: sostener el ritmo de la fiesta sin perder de vista la historia que se quiere contar. Es un equilibrio permanente entre luces y sombras, pero siempre al servicio del relato.

— ¿Qué se siente pararse frente a una orquesta como la que tiene hoy la Vendimia?

— Es, ante todo, un honor y un compromiso muy grande. Pararme frente a una orquesta, a un ensamble mixto como el que tiene hoy la Fiesta Nacional de la Vendimia, implica también tener la capacidad de transmitir a esos cincuenta músicos —colegas— el amor que siento por la Vendimia, el conocimiento construido a lo largo de los años y la dimensión del privilegio que significa estar allí. Hay músicos que ya han vivido muchas Vendimias en el Teatro Griego Frank Romero Day y otros para quienes es la primera vez, y esa mezcla suele ser profundamente emocionante.

— Con su experiencia, ¿qué se va ganando año tras año participando de tantas Vendimias?

— La experiencia se construye año a año y es una sumatoria constante, pero también un proceso de depuración. Muchas veces se aprende sabiendo qué es lo que no se debe hacer. No sólo desde la propia participación, sino también observando experiencias ajenas. La Vendimia es tan grande y tiene tantas aristas que es muy difícil tener todo bajo control. La clave está en identificar dónde no se puede fallar y asegurar cada paso, cada transición, cada luz y cada brillo, para que la música no se desordene. Mantener el ritmo es fundamental.

— ¿Cómo es el proceso musical desde que un equipo gana el concurso para llevar adelante la Fiesta de la Vendimia hasta que se concreta el espectáculo?

— Una vez que un equipo gana el concurso de la Fiesta Nacional de la Vendimia, el proceso musical comienza con una depuración de lo planteado inicialmente. Se parte de una idea ideal, casi absoluta, y luego se trabaja en función del orgánico musical y del ensamble que se proyecta, buscando a los músicos adecuados para ese tipo de obra. Después llega el ensayo, la búsqueda de la sutileza o el vigor necesario para que cada nota emocione. En la Vendimia la emoción se percibe con mucha claridad: cuando algo brilla, brilla intensamente; y cuando emociona desde la melancolía o la nostalgia, también lo hace de manera muy potente.

— Esta Vendimia propone un revisionismo musical. ¿En qué aspectos sugiere que el público preste atención?

— Dentro de la música de estos 90 años habrá muchas “esquinas” desde donde detenerse a mirar y escuchar. Aparecerán citas musicales: guiños que remiten a distintas épocas, no solo a través de canciones, sino también mediante formatos. Por ejemplo, se retomará el trabajo coral, que fue muy fuerte en una etapa de la historia vendimial. No solo se evocan melodías, sino también formas de expresión musical propias de cada época.

— Para cerrar, ¿con qué fiesta nos vamos a encontrar?

— Creo que nos vamos a encontrar con una de esas Vendimias que dejan huella. Así como a quienes trabajamos en la fiesta nos atraviesa profundamente el proceso, espero que al público le suceda lo mismo. Una de esas fiestas en las que, al salir del Teatro Griego o al escuchar el último acorde, sentimos que somos un poco mejores personas.

A 90 años de su creación, la Fiesta Nacional de la Vendimia vuelve a mirarse a sí misma para proyectarse hacia el futuro. Con una propuesta musical que revisita su historia sin perder vigencia, la edición 2026 invita al público a reconocer las huellas del pasado, a emocionarse con sus sonidos más profundos y a reafirmar el sentido colectivo de una celebración que, año tras año, sigue encontrando nuevas formas de decir quiénes somos.